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Smolph es una red social de compra y venta de arte y productos culturales que soluciona los problemas que siempre han padecido tanto creadores como consumidores. Democratiza el sector, entrega el poder al público, ofrece el mejor precio posible al comprador y el máximo beneficio al creador (90% del precio de venta), y posibilita que cada artista tenga el éxito que merece al impedir las tradicionales prácticas de manipulación para lograr visibilidad y minimiza intermediarios para todo ello. Su web: smolph.


 


Dime smolph, ¿cómo proteger, vender el arte y a sus creadores?

Te doy la respuesta rápida y después, como en realidad son tres preguntas muy distintas, te las explico una a una: Publicando tus obras en Internet y procurando que la plataforma en la que publiques trate de forma justa y honesta tus obras y a ti mismo. Y claro, evidentemente, eso lo hacemos en Smolph.

Y ahora te explico. Protección: Creo que en esto nos han vendido una moto muy grande y que no tiene sentido la protección tal como la hemos entendido hasta que Internet se ha convertido en algo a lo se tiene tanto o más acceso que a la cultura en general. En nuestra opinión, desde hace años las entidades que supuestamente velan por los derechos de los autores han perdido su funcionalidad y en muchos casos, como en España, realmente nunca la tuvieron, sino que se convirtieron en una especie de “pequeña mafia” en la que se cobra a todo el mundo, poniendo siempre como excusa la protección de los derechos de autor, y después el dinero se reparte entre unos cuantos. Yo soy socio de la SGAE desde 1999 y jamás he visto que  mis derechos como autor se protejan por su parte. Piensa una cosa: a día de hoy no llevo la cuenta, pero hace un par de años había más de 105.000 autores registrados en esta entidad. ¿Cuántos eres capaz de decirme? ¿100 quizás? Y son más o menos los mismos que es capaz de decir la mayoría de la gente. Esos cobran. Los demás, no cobramos. Pero sí contribuimos, incluso mucho. Yo sé que en mi mejor año contribuí con varias decenas de miles de euros por mi actividad, pero ese año cobré 360 euros. Y fue cuando más recibí. Es más, hasta irse es difícil. Yo solicité mi baja hace dos años y aun hoy sigo siendo socio contra mi voluntad.

La moto que nos han vendido es que eso es necesario, y no lo es. Hoy en día la mayoría de los autores publicamos nuestras obras a través de redes sociales y otras plataformas. Con eso tu obra ya está protegida. No vas a obtener más protección, de manera efectiva, con una entidad de gestión de derechos. Si te plagian, la prueba está ahí, en esa plataforma web, y es más rápida y fácilmente accesible que la que te pueda proporcionar una entidad de las que digo.

Vender arte y a sus creadores: Para empezar, un matiz: cuando hablamos de arte tendemos a pensar en pintura, escultura, quizás música clásica y poco más. Pero arte es también todo tipo de música, actual, pasada y futura, el cine, las novelas, la fotografía, etc. Para vender esas obras y a quienes las crean, hasta ahora, sólo ha existido un sistema: influir constantemente al potencial consumidor a que compre, en cada arte con sus peculiaridades, pero siempre se trata de eso.

Antiguamente, cuando trabajé como dependiente en una tienda de discos, allá por el 2000, los sellos poderosos les decían a cada tienda cuántas copias debían comprarles de cada disco que sacaban de alguien “famoso”. Y era habitual que es cifra fuera incluso 10 veces superior a lo que la tienda  realmente quería y sabía que podía vender de ese producto. Si no aceptabas, no te enviaban el resto de cosas que sí te interesaban. Coacción pura y dura. No te quedaba más remedio que aceptar. Al cabo de una semana, salía el típico anuncio: “Fulanito de tal, 100.000 copias vendidas en una semana”. Con ese anuncio animaban la venta. Sí, vendidas a las tiendas, almacenadas allí. Después no salía nunca el anuncio de: “Fulanito de tal, 70.000 copias devueltas y cambiadas por otros productos de otros artistas”. En los sectores donde aún el formato digital no ha entrado tanto o no puede entrar, prácticas de este tipo continúan vivas. Y donde lo digital impera, ha evolucionado a que el propio editor o incluso el autor, si tiene capacidad económica, auto compra su producto para que esté en las primeras posiciones de los tops de destacados. Todo esto tapa a los buenos autores y sus buenas obras y hace aflorar a los que tienen poder económico, que no siempre coincide con que sean los mejores.

Por ello, en Smolph creemos que la forma de vender arte y a sus creadores el devolviendo el poder a la gente. Democratizando ese funcionamiento para que quien destaque sea quien el público decida, sin ningún tipo de manipulación. Hemos creado algoritmos específicos para cada arte, que no te puedo contar cómo funcionan, que hacen esto. En estricta democracia y de forma natural el público va haciendo aflorar lo bueno o lo que realmente le gusta, mientras que lo que no, se diluye entre la gran masa de creación que hoy en día existe. Así, si eres bueno, tienes muchas más posibilidades de vivir de tu arte, independientemente de si previamente tenías potencia económica o no.


Smolph


¿Cómo nace Smolph?:

Smolph nace a partir de la propia experiencia durante 20 años en el mundo de la música, donde pasé prácticamente por todos roles posibles, desde mero oyente y comprador, a DJ, locutor de radio, dependiente, músico y incluso tareas de codirección de sellos. Así conocí en primera persona los problemas que hay en cada punto entre el creador de una obra y su consumidor. Después vi que problemas muy similares hay en todos los demás artes y aprovechando mi formación en ingeniería y mi experiencia en desarrollo de software, decidí dejar de quejarme por cómo funcionaba todo el sistema y tratar de construir una alternativa que solucionara esos problemas. Y creo que eso es lo que hemos hecho con Smolph para todos los artes: música, libros, pintura, escultura, fotografía y cine.

¿Cuáles son las obras que más se venden?:

Pues dado que somos una plataforma joven, aún nos queda camino para generar confianza de forma generalizada, así que los consumidores compran productos de precio reducido en formato digital para testear si pueden confiar, principalmente música, que la puedes encontrar por un euro o incluso menos, y fotos, que tienen precios similares. Por un euro, te arriesgas a ver si un sitio funciona. No vas a comprar directamente un cuadro de 1.000 euros. Algún día esperamos llegar, no sólo a eso, sino a mucho más.

¿Cuál es actual estatus de Smolph, qué se requiere?

Actualmente nuestra primera versión de la plataforma web, que es la base de nuestro negocio, está plenamente operativa, contamos con cerca de 3.000 obras y unos 400 usuarios, de los cuales la mayoría son artistas. Hay a quien le parecen muchas obras, pero en realidad no lo son dado que tenemos 6 artes (música, libros, fotografía, pintura, escultura y cine o vídeo) y unas 500 categorías. Por tanto, hay desequilibrios entre unas categorías y otras.

En cuanto a lo que se requiere, estamos trabajando en ofrecer una segunda versión muy mejorada en diseño y usabilidad y en implementar nuestro plan de marketing que ahora es lo fundamental para poder atraer más artistas y consumidores hasta convertir la plataforma en rentable. Y eso se traduce en necesidad de recursos, porque el marketing es costoso y actualmente nuestra capacidad para financiarlo por nuestra cuenta está muy limitada debido a que contábamos con poco dinero de inicio, dada la envergadura del proyecto, y ese dinero está casi agotado.

¿Qué le dirías a alguien que te lea y entienda el boom de la economía naranja, y además pretenda asociarse?

¡Que aquí estamos! Jajaja. Me pongo serio. Le diría que, aunque en España estamos muy acostumbrados a oír eso de que las industrias culturales sólo sobreviven si es con subvenciones, no es cierto. Yo mismo he vivido de la música, sin subvenciones, y se trataba de música muy minoritaria. Le diría que lo único que hay que hacer es adaptar esas industrias al presente, no seguir anclados en modelos de negocio que ya estaban agotados el siglo pasado, sino introducir la tecnología en este sector como se ha hecho en todos los demás. Y le diría que eso es lo que hace Smolph y, por tanto, para nosotros es crucial, en caso de asociarnos con alguien, que ese alguien pueda aportar al menos en uno de los dos ámbitos que nos movemos: la tecnología, pues no olvidemos que Smolph en realidad es una startup tecnológica, o en arte/cultura, que es el sector de aplicación de nuestra tecnología.

¿Smolph qué opinaría del actual estado de la producción artística en España?

Desde el punto de vista de la creación, sin más, creemos que en España hay  grandísimos artistas, algunos ya reconocidos y otros, más incluso, por obtener el reconocimiento que merecen. Y es algo que ocurre en todas las disciplinas y géneros. Yo estoy maravillado por la cantidad de artistas que estoy descubriendo que, en su correspondiente ámbito, son reconocidos internacionalmente, incluso en mercados tan distintos como el asiático. Pintores, músicos, escritores, fotógrafos… También hay quien tiene mucho reconocimiento pero en realidad son meros productos de marketing generados artificialmente, aunque tengo mis dudas de que internacionalmente sean reconocidos. No obstante, nuestra experiencia es que hay muchos más artistas que de verdad merecen reconocimiento, lo tengan ya o no, que productos artificiales.

A nivel institucional ya la cosa cambia. Depende mucho de qué institución estemos hablando. Hay ayuntamientos que están haciendo interesantes apuestas por el arte y la cultura. El de Málaga, por ejemplo. Aunque también habría que evaluar si no están redundando en apoyar cosas que ya no necesitan apoyo y están descuidando a creadores autóctonos e iniciativas más cercanas que podrían aportar mucho e incrementar la aportación de la cultura y el arte al PIB de la ciudad con incluso menos inversión. Por otra parte, hablando en general de las corporaciones locales, creo que deberían dejar los prejuicios a un lado y facilitar todo tipo de iniciativa, sin ser lo sectarios suelen ser. Dependiendo de si lo que quieres hacer es “muy tradicional” o no, tendrás más apoyo o menos. O incluso directamente te impedirán llevar a cabo tu iniciativa. Eso lo hemos vivido en nuestras propias carnes. Los ayuntamientos son muy dados a censurar cierto tipo de cosas y siempre es por prejuicios debidos a la ignorancia y sectarismo del responsable de turno, que se entiende que no puede saber de todo, pero para eso él ha de ser el primero en aceptarlo y dejarse asesorar por quien sí sabe y no caer en la prepotencia de creerse en posesión de la verdad absoluta.

Por su parte, a nivel estatal, el IVA del 21% para el arte y la cultura y del 4% para el porno está haciendo mucho daño. Y la bajada al 10% para la gran obra es un parche que sólo beneficia a los que lo del 21% no les suponía nada. Pero el problema es que no es sólo eso. Nuestra sensación es que se ha mirado hacia otro lado, especialmente a raíz de la crisis. Para nosotros no es normal que un ministerio de la 4ª economía de Europa saque una vez al año una ayuda para modernización de industrias culturales con una dotación propuesta de 1,68 millones de euros, como este año, donde la media de dinero recibido por proyecto rondará los 20.000 euros, y una entidad de procedencia privada como la Fundación BBVA destine 2,2 millones al año a proyectos de investigadores y creadores culturales, con una dotación por proyecto de 40.000. Algo no funciona ahí. Y 20.000 euros no dan para grandes proyectos que puedan tener grandes rentabilidades. Dan sólo para pequeñas iniciativas que fácilmente acaban en fracaso y si logran éxito, difícilmente pueden suponer un retorno de inversión como para recuperar esos 1,68 millones por parte del Estado.

En cualquier caso, creo que esta industria debe desprenderse de ese halo de “si no es con subvenciones, no sobrevive”. Deberíamos ir pasando a un modelo donde las instituciones faciliten todo, en lugar de poner trabas según qué estés haciendo, o incluso inviertan en proyectos con potencial económico, pero donde las subvenciones no sean necesarias. No es lo mismo invertir que subvencionar. Y ese tránsito creemos que necesariamente pasa por un cambio también del modelo de negocio de la industria, introduciendo la tecnología en el sector tanto como sea posible, democratizándolo por completo, haciéndolo transparente y accesible a todo el público, entregándole a éste el poder y acercando mucho más a creadores y consumidores, eliminando intermediarios que hoy en día, gracias a la tecnología e internet, no tienen razón de ser. En definitiva haciendo que el negocio se base en la calidad y la honestidad, no en la manipulación, como hasta ahora. Y eso es lo que ofrece Smolph y es nuestro objetivo casi utópico: cambiar ese modelo de negocio. Tarde o temprano cambiará, lo que no sabemos aún es si nosotros podremos estar ahí, participando en el cambio, o incluso empujándolo, o no. Esta industria puede ser no sólo autosuficiente, sino un aporte importante a la economía y queremos demostrar que es posible. Ahí está Bandcamp, como ejemplo positivo. Haciendo las cosas bien, facturan millones al mes y parece que no les va nada mal. El ejemplo negativo es Spotify, que con tantos usuarios y facturando la friolera de 1.800 millones, tiene pérdidas por casi 180 millones al reproducir en internet un modelo de negocio demasiado parecido al tradicional, donde las discográficas se lo quedan todo.

 

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Carlos Zaragoza Cibrian

Carlos Zaragoza Cibrian

Acompaño a creadores, creadoras, creativos y creativas en la búsqueda de oportunidades.